Los peregrinos utilizaban la concha para beber en ella, a modo de vaso. Los constructores la usaban para determinar con ella, levantada por su base plana, los ángulos que forma el sol en el mediodía de los solsticios y de los equinoccios.
Si se coloca la concha horizontalmente, a la altura de los ojos, sobre las nervaduras se hallan los ángulos esenciales de las estrellas sobre la línea del horizonte.
Como medio de lectura astronómica, la venera es similar a la que nos proporciona la mano del hombre.
La concha es un signo particular de la lengua de los pájaros. Corresponde a las dos diagonales de un cuadrado cruzado por un eje vertical. Este trazo, formando una X central y una P lateral, nos da el crismón, el signo crístico por excelencia: las iniciales del nombre de Cristo.
Los dos brazos superiores de la diagonal así formada, apunta el de la izquierda y el de la derecha a la del Can Mayor, la constelación de Santiago. Correlativamente, sobre estos brazos, se inscribe la Omega a la izquierda y la Alfa a la derecha. La Alfa indica la posición de las estrellas y la Omega la del sol. La P, en el centro, indica las posiciones lunares. Estos mismos signos se hallan con frecuencia en los menhires que marcan la ruta de Santiago.
Para los judíos y los primeros cristianos, la Pascua, anunciada por la luna, coincidía con un período de armonía cósmica. La Pascua se fija en función de la luna llena. Fijada la fecha de la Pascua, se descuentan 63 días para fijar la fecha de la septuagésima. La Cuaresma, a su vez, se sitúa cuarenta días antes de Pascua y la Ascensión cuarenta días después.
Catorce días después de la luna de marzo, y al domingo siguiente, se celebra la fiesta de Pascua.
- La Quincuagésima se celebra 49 días antes de Pascua.
- La Septuagésima se celebra 63 días antes de Pascua.
- 40 días después de Pascua se celebra la Ascensión.
- Pentecostés se celebra 10 días después de la Ascensión.
- Corpus se celebra 4 días después de Pentecostés.