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Archive for 30 abril 2010

Del impulso civilizador y la llama ardiente

Como manifiesta E. Schure “La religión y la civilización brahmánica representan la primera etapa de la humanidad post-atlante y se resume en la conquista del mundo divino por la sabiduría primordial”. Todas las grandes civilizaciones subsiguientes son fases de adelanto de la raza blanca, en la que se infiltra el elemento ario, unificándose todas ellas en un lazo magnético, en una idea que instintivamente las anima y guía: la conquista de la tierra por la adaptación de lo Divino revelado en la vida, adaptación que requiere la comunión espontánea con las potestades cósmicas (a las que denominamos los dioses) y la visión en los mundos astral y espiritual (microcosmos y macrocosmos)

Aún cuando las cualidades creadoras y reveladoras se aprecien atrofiadas en determinadas épocas, las facultades trascendentales del alma no se extinguen, sino que perduran en una selección que las desenvuelve y disciplina en secreto, bajo el velo del misterio, a resguardo de las profanaciones y corrupciones exteriores, de aquí la razón de las iniciaciones.

Agrupaciones en las que perdura la inspiración divina en variada modalidad, y que se condensan y concentran en un punto único: el “Verbo Solar”, el “Logos”, que anima nuestro mundo planetario, y al que glorificar al  presentir su espíritu animador tras él.

Nuestro sistema solar y la tierra –donde espíritu y materia alcanzan su tensión máxima- han sido creados por la jerarquía de potestades cósmicas bajo la inspiración de Dios, infinito e insondable, los Elohim (los hijos e hijas de los Dioses; las 13 parejas divinas que están en el origen del mundo).   De igual forma que, desde el origen, este  pensamiento divino o Logos del Sistema Solar, se condensa y manifiesta a través de un organismo soberano el Verbo Solar o “Cristo Cósmico” centro y eje de la evolución terrestre, quintaesencia espiritual del astro rey, que no puede revelarse  de una vez sino en sucesivas etapas para no abrasar con su luz cegadora.

Las primitivas razas, antiguas civilizaciones, lo presintieron a través de los dioses, la luz solar o la transparencia del hombre tras los velos que le cubren. Cristo brilla a través de Indra, llamea para Zoroastro en la aureola de Ormuz, clarea para Hermes en el sol de Osiris, habla a Moisés en la zarza ardiente, y surca en los relámpagos del Sinaí para encarnarse en el Maestro Jesús, como sol de amor y resurrección. El reflejo sucesivamente se hace rayo, estrella, y sol.

La estrella de los magos que desde Asía central transporta sus rayos a Egipto para posarse en Belén de Judá (como estaba anunciado), ilumina tres lugares entre el Mar Caspio, el Golfo Pérsico y el Mediterráneo, en el periodo de cinco mil años, tres puntos señalados en la revelación de Zoroastro (autor del Zend Avesta o “palabra de vida”, una larga plática entre Ormuz y Zarathustra -al que los parsis llaman Zerduscht-), aspectos del Verbo Solar y pasos en la conquista del mundo, que permiten entrever el descenso gradual del Cristo Cósmico en la humanidad, y las obras de tres grandes civilizaciones (persa, caldea y egipcia) en el impulso ario hacia occidente.

 Entre-sacado de su capítulo Zoroastro. Grandes Iniciados

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SOLO ASÍ

SOLO ASÍ

A la hora de analizar los pueblos, los “otros pueblos” solemos actuar muy a la ligera, como si el simpático o parasimpático fuese toda nuestra referencia, marcando con esta variable las diferencias.

Hemos de ser consecuentes, más allá de la consideración -infrecuentemente contemplada- de “Humanidad”, “Género” y otras consideraciones afines de igual calado, tales como “Fraternidad”.

Dejando de lado el usual “mosqueo”, que el color, la palabra, la indumentaria, y otros factores peculiares, similares, nos sirven de catálogo de las gentes, a la par que rechazando lo superficial, debemos considerar como mínimo:

  • La tierra que les sustenta
  • La atmósfera que les envuelve
  • Las costumbres en que se manifiestan
  • Los ritos que practican
  • Las creencias que les avivan
  • Y en sus impulsos civilizadores, a través del tiempo, los principios que les animan.

Sólo así podremos contemplar que la naturaleza humana, aunque “una” presenta múltiples facetas dotadas de sentido de vida, e integrar al otro en nuestro concepto del mundo.

Solo así podremos comprender los tiempos, los textos, las frecuencias y entrar en la consideración de que todo obedece a un proceso gradual en el conocimiento y desarrollo del Plan trazado en la mente del Creador, en la que tenemos nuestra evolución, de acuerdo a la “misión de vida” que nos ha sido asignada, como contrato de nuestra encarnación en la tierra.

Sólo así seremos capaces de conocer el sentido de lo “planetario”, y con ello aceptar nuestro movimiento en un espacio vivo, interestelar, integrado por cuerpos de vida en planos o escalas diferenciadas. No podemos pretender ver otros mundos sin conocer éste que nos alberga.

Sólo así seremos capaces de conocer y vivir con el espíritu la religión universal, que no habla de guerras sagradas, ni de imposiciones humanas, sino de reconocimiento, sino de unidad en el Todo, cuyo símbolo pudiera ser la rosa mística en diamantino corazón alado y no el sangrante.

Sólo así seremos capaces de innecesitar lo secreto, las sociedades que se mueven en el filo de lo imposible, como polo atrayente para los que buscan, y cuyo funcionamiento esta lejos de ser verdadera escuela de misterios

Tan solo con la firme voluntad de crecer desde el centro que nos anima, despertando al ser que nos alberga, seremos capaces de realizar el sueño de la vida, y restablecer la Visión.

Seamos capaces de ver en el otro el reflejo que nos habita, alzar las manos juntas a la altura de los ojos, y decir en la más bonita de las costumbre “tu eres como yo” “tu eres mi igual”. ATREVETE.

                                                                 .·. 

                                                     Vive en la Unidad

                       Frater

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SAN HIPÓLITO, VIRBIO Y EL BOSQUE DE NEMI

En Italia, al este del lago Albano se encuentra un cráter que contiene el bosque de Nemi o de Aricia, llamado también “espejo de Diana”, en donde encontramos el Santuario de Diana Nemorensis “.

La leyenda cuenta, que el culto a Diana de Nemi fue instituido por Orestes, quien tras dar muerte a Thoas, rey del Queroneso táurico (Crimea), huyó con su hermana a Italia con la imagen de Diana táurica escondida en un haz de leña. Para Canon el antiguo, el santuario la fue dedicada por Egerius Baebius de Tusculum con anterioridad al 495 a.C.

El bosque albergaba un árbol sagrado(supuestamente descendiente del que aconsejado por la Sibila, Eneas arrancó una rama antes de intentar entrar en la Casa de los Muertos), del que nadie podia arrancar una rama salvo un esclavo fugitivo, que de conseguirlo tendría derecho a luchar con el Sacerdote-Rey, y en caso de darle muerte ocupar su lugar con el título de Rex Nemorensis (Rey del Bosque). No sería extraño observar la presencia en torno a este árbol sagrado del sacerdote vigilante, espada desenvainada, en evitación del derecho a la lucha por su vida y dignidad.

Esta costumbre muy antigua aún se mantenía en tiempos de los Antoninos, y rememoraba la huída de Orestes, solo aplacable con sangre, y los sacrificios humanos ofrecidos a la Diana táurica.

Es la cruel ley de sucesión del sacerdocio ariciano.

Diana de Nemi, no era otra que la Diana cazadora, que bendecía las uniones concediéndoles descendencia y feliz alumbramiento, en cuyo ritual que se celebraba el 13 de agosto el fuego cobraba especial importancia, iluminándose el bosquecillo con antorchas, a ella misma se la aprecia con una antorcha alzada en su mano derecha, en alguna estatuilla encontrada. Festividad a la que acudían las mujeres, a las que había concedido sus favores, ataviadas con guirnaldas y antorchas encendidas,

En la plataforma circular sobre tres peldaños de su Santuario se cree pudo haber habido un templo con una llama perpetua al cuidado de las vestales, pues Diana misma era como tal considerada.

Compartiendo con Diana el santuario, se encuentraban dos divinidades menores.

Egeria, esposa o amante de Numa, rey que dio sus leyes a los romanos (inspirado por  ella), era la ninfa de las aguas claras de Nemi, aguas medicinales a las que acudían muchos enfermos

Virbio, protegido de Diana y monarca sacerdote del Bosque de Nemi, había sido con anterioridad el joven héroe griego Hipólito que aprendió del centauro Quirón el arte de la caza, compañero de caza de Artemisa (Diana griega) quien orgulloso de ello desdeñaba a las demás mujeres. Al sentirse ofendida Afrodita insufló en el corazón de su madastra Fedra su amor hacía Virbio, quien despechada lo acusó ante Perseo, el que requirió la venganza a Poseídón, quien envió a la playa un toro bravío que le desmonto de su carruaje, siendo pisado por sus caballos alterados, que le causaron la muerte. Diana requirió de Esculapio que lo reviviese, pero Júpiter ofendido de que un mortal reparase las puertas de la muerte, arrojó al afamado médico al Hades, mientras Diana envolvía a Hipólito en una espesa nube y modificaba su aspecto envejeciéndolo, para seguidamente llevarlo a Nemi y confiarlo a las aguas sanadoras de Egeria cambiándole el nombre por el de Virbio, el cual la construiría el santuario en Aricia, en el que él mismo y Egeria recibieron culto, prohibiéndose tocar su imagen de las que se decía representaba  al Sol. En cuanto a los caballos quedaron proscritos, al haber sido causantes de su muerte

Hipólito devino 1er rey de una dinastía de sacerdotes servidores de Diana, guardianes del sagrado árbol (personificación de Diana, al que abrazaron sucesivos Virbios; costumbre practicada en Oriente e India, de desposar árboles por hombres o mujeres) predestinados al sacrificio.

Hipólito, amado de Artemisa (antigua diosa de la fertilidad), es uno de los amantes mortales de las diosas antiguas, de quienes Adonis es el prototipo. La rivalidad Artemisa –Fedra(contrafigura de Afrodita), reproduce la de Afrodita-Proserpina por el amor de Adonis.

Hipólito consorte de Artemisa en Troezena, paga con su vida el idilio con la diosa.

 Curiosamente el 13 de agosto la Iglesia celebra la festividad de San Hipólito (“fundado sobre piedra”) supuesto santo romano que enterró el cuerpo de San Lorenzo (cuya festividad es el 10 de agosto), y que murió mártir arrastrado por los caballos

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EROS Y LA LUZ DE DIONISOS

 

Orpheo (1). Reconocido como uno de los más notables Iniciadores

Instructor de la Humanidad, que desde el Centro Único, transmiten el conocimiento de la trascendencia.

Orpheo, “El que cura por la Luz”. célebre adivino, padre de los mitos, poeta e inmortal cantor de Grecia, salvador de los hombres, representa una escuela singular de los misterios, y al tiempo que cuestionada su existencia está unido a toda la civilización moral e intelectual de la antigua Grecia.

El que marcha con una estrella de plata en su frente, en la tierra y el firmamento, comparte la constelación con Heracles (héroe que alcanzó la inmortalidad), también llamada de Orpheo.

Sacerdote y Profeta. Rey.

Para unos cantores, hijo de una ninfa y Eagro rey de Tracia

Para otros, hijo de la ninfa Caliope y de Apolo.

Dotado de extraordinaria belleza, talentos y extraño poder, de su lira de siete cuerdas -regalo de Apolo o del propio Hermes- extraía sones tan apacibles y melodiosos, que eran capaces de apaciguar tempestades, sosegar a las fieras y de encantar árboles y peñas, que dejando sus asientos le seguían, y a los ríos que desviaban sus cursos.

Sus himnos revelan más al sacerdote que al poeta. Poseyendo el don de la palabra, acompañado de armoniosas melodías de su cítara (instrumento que inventa), seducía tanto a las divinidades como a los humanos.

Civilizó las costumbres de los habitantes de Tracia (derivado del fenicio Bakhiwa, el “espacio eterno” y “firmamento”), cuyo nombre designa la región en donde las doctrinas y tradiciones hacen descender al mundo de la inteligencia divina. Los tracios eran una raza doria poseedora de una falange de guerreros iniciados guardianes de la alta doctrina. En la tradición tracia, Olen (que en fenicio significa Padre Universal) inventó la poesía, y fue adorado en Delfos antes de que el innovador Orpheo, trece siglos a. C., introdujese el culto de Apolo (Ap Olen o Ap Wholón), como doctrina del verbo solar que ya recorría los santuarios de India y Egipto. Padre Universal que manifestaba a la vez la luz hiperfísica y el sol visible.

Compañero de Jasón y los Argonautas en su expedición a la Cólquida, quienes con  la nave Argos, la que permaneciendo sobre tierra firme se lanzó al mar al tañer Orpheo su lira, realizaron singulares proezas (referencias de la Gran Obra). Orpheo distrajo a los remeros con su música, calmó las tempestades y venció los cantos de las Sirenas, impidiendo a los intrépidos argonautas que fuesen por ellas hechizados.

Orpheo pudo haber sido un personaje totalmente legendario, o recordar a un sacerdote de Apolo, del S XIII a. C., contemporáneo de Moisés, y como éste Reformador. En edades posteriores fue considerado, gran pontífice, sacerdote, sabio inventor de la medicina, el alfabeto y el ritmo; personaje central en sus misterios y poemas, de entre estos los Argonautas son los más antiguos.

Discípulo de Linus,  Orpheo combatió el orgiasmo báquico sangrante,  venció a las bacantes, y cambió el Baco popular por el Dionisos celeste, o espíritu divino que evoluciona a través de los reinos de la naturaleza.

Orpheo es considerado el “principio apolíneo”, “lo Luminoso” el que conoce y domina las fuerzas universales en el hombre, antagónico del principio dionisiaco, lo irracional e instintivo y la voluntad de vivir, según Nietzche.  Somete el alma humana a una ley celeste y reconcilia al hombre (perdido en la fogosidad de los sacrificios y el impulso de las pasiones) con Dios, su legislador y juez.

El joven príncipe, llamado hijo de Apolo, emprende un camino iniciático, a través de las escuelas de misterios de la antigüedad,… Samotracia,… Egipto, donde los sacerdotes de Menfis lo iniciaron en los misterios  de Osiris, y le enseñaron teología, física, y otros ocultos conocimientos, regresando seguidamente a Tracia, habita entre los Cícones, con el nombre de Orpheo o Arpha (de or o aur “luz”, y de rophae “sanación”: el que sana por la luz”. Se establece en el monte Kaukaión, como pontífice de Tracia, y refunde la religión de Zeus con la de Dioniso (Baco). De él los iniciados recibieron la luz de las verdades sublimes –el Dionisos celeste, que trascendía al pueblo en forma de poesías y festividades, bajo la apariencia de Apolo.

Desposa en Tesalia a la bella Eurídice, ninfa a veces llamada Agríope, la que huyendo de Aristeo (hijo de Apolo) que pretendía forzarla, pisa (pie como símbolo de atracción sexual) en accidental carrera una víbora (símbolo fálico) que la muerde (agresión del instinto) y le causa la muerte (liberación u orgasmo). Orpheo consumido por la pérdida desciende al Tártaro para traer de nuevo a la vida (el alma) a Eurídice, y a su paso todo embelesa, desde Caronte, Cerberos y hasta los propios dioses del Averno o Hades, quienes consistieron en liberarla con la única condición de que marchando delante de Eurídice no volviese la vista atrás hasta abandonar los dominios del infierno, pero cuando se divisaba la luz, desconfiando, miró hacia atrás y provocó la desaparición para siempre de su amada Eurídice.  En otra versión, muere Eurídice, por haber tomado de la copa de vino envenenada que una bacante la ofrece bajo pretexto de que bebía el elixir que la daría la ciencia de los filtros y plantas mágicas.

Orpheo siempre tuvo a Eurídice en su corazón, como su única mujer, dedicándose desde entonces a enseñar los misterios.

Las despechadas ménades, mujeres bacantes de Tracia, druidesas,  invaden el templo de Apolo, y matando a todos los fieles, se hicieron con Orpheo decapitándole y trozeando su cuerpo en  pequeñas partes, arrojando sus restos al río. Su cabeza arrojada al  Hebros, siguió llamando a Eurídice con entonaciones  plañideras. 

  •             ¡Eurídice! ¡Oh Luz Divina!, dijo Orpheo al morir.
  •             ¡Eurídice!, gimieron al romperse las siete cuerdas de su lira.
  •             Y su cabeza, que rueda para siempre por el rio de los tiempos,
  •              Clama aún:  ¡Eurídice, Eurídice!

Sus miembros llegaron río abajo hasta la costa de Lesbos, donde las desconsoladas musas las enterraron a pie de Olimpo, aún se oyen los trinos de los ruiseñores en el lugar. Las aguas condujeron también su Lira, que quedo depositada en el templo de Apolo, quien la trasladó al firmamento como una constelación. Su cabeza fue llevada a la gruta Antisa del templo de Dionisos, en donde emitía oráculos ininterrumpidos hasta que Apolo le hizo callar, y su ánima se encaminó a las islas del Eliseo..

Cuenta Canon, que cometido el atroz crimen por las ménades, se declaró una peste en todo la zona por lo que sus habitantes acudieron a consultar al oráculo, que determinó que no cesaría en tanto no se encontrase la cabeza de Orpheo y se la rindiesen los honores y pompas que le correspondían.

En cuanto a las ménades, éstas intentaron  purificarse en las aguas del Helicón, pero el río las rechazó secándose en el lugar para aparecer  kilómetros más abajo con el nombre de Bafira. Entonces Dionisos las metamorfoseó en encinas, y desde entonces los habitantes de Tracia adoptaron la costumbre de tatuarse los hombros en advertencia de que no debían dar muerte a los sacerdotes.

En la disputa entre los cultos olimpicos y ctónicos, Orpheo se sacrificó por la unidad en Grecia, acudiendo ante los tracios del valle, quienes incitados por la gran sacerdotisa de Hécate (culto lunar) Aglaonice, le dieron muerte. Las cenizas de su cuerpo incinerado por sus sacerdotes fueron llevadas al templo de Apolo y allí veneradas.

En sus tiempos existía como costumbre para con los reyes sagrados, que cual chivos expiatorios, fuesen decapitados y desmembrados, y con su sacrificio pagar las desgracias y pecados del pueblo.

Otra versión de su muerte, atribuye esta al rayo (iod) de Zeus (Gran Demiurgo,  cuyo hijo es el verbo manifestado o Dionisos), que lo fulminó por haber instruido los misterios de Apolo en Tracia, los de Hécate en Egina y los de Demeter en Esparta.

El hacha de doble filo es atributo de Zeus, de un hachazo en su propia cabeza surge Atenea (Minerva) la “Sabiduría” armada hasta los dientes.

En Orfeo, la idea fundamental de su mito  es la personificación del poder en la cadencia y el símbolo de la armonía general.

De sus enseñanzas: Dios es uno y siempre semejante a sí mismo. Reina en todas partes. Pero los dioses son innumerables y diversos; porque la divinidad es eterna e infinita. Los más grandes son las almas de los astros, todas salidas del fuego celeste de Zeus y de la luz primitiva, cada astro arrastra en su esfera huestes de semidioses que fueron en otros tiempos hombres, quienes tras descender la escala de los reinos han ascendido gloriosos para salir del ciclo de las generaciones. Por estos espíritus soplo de su alma viviente, rayos de su conciencia eterna, Dios respira, obra, aparece Ellos gobiernan los ejércitos de los espíritus inferiores, que vigorizan a los elementos; ellos dirigen los mundos, y aunque de esencia inmortal revisten formas cambiantes, según los pueblos, tiempos y regiones, el impío los treme, el piadoso los adora sin conocerlos, el iniciado los conoce, los atrae y los ve.

Si descendió Orpheo a los infiernos fue para dominar a los demonios del abismo y atraer a los dioses de las alturas, para que el cielo profundo se una con la tierra y la tierra escuche las voces divinas. Venceréis por vuestros pasados sufrimientos, por el esfuerzo que os atrae, y si creéis en las palabras divinas, habéis vencido, porque tras el circuito de existencias tenebrosas, saldréis del círculo doloroso de las generaciones y os reconoceréis como un solo cuerpo, como una sola alma, en la luz de Dionisos.

 Dio nombre al Orfeón, coro de voces sin instrumento.

La lira de Orpheo es el inspeirado sonido de los templos, cuyas cuerdas son las potencialidades de los Dioses.

El Amor que contiene la clave de todos los seres, es el más antiguo de los Dioses. ¡Amad!, pues todo ama, pero amad la luz y no a las tinieblas. Recordar el objeto de vuestro viaje, Cuando las almas vuelven a la luz, ellas portan manchas (las faltas de su vida) sobre su cuerpo sideral, que hay que expiar para borrarlas, en sucesiva reencarnación, pero los puros –los fuertes- continúan su viaje hacia el sol de Dionisos. Cantad (Evocad) Evohé (he-vo-he) el llamamiento sagrado al renacimiento, voz sagrada en la unidad de los iniciados de Egipto, Judea, Asia Menor, Fenicia, y Grecia. Parte del tetragramaton (fusión eterna del Dios con la naturaleza), que abarcaba la totalidad del Ser, el Universo viviente.

Instituyó los misterios de los Cabires, los cultos de Baco  y Ceres, y las expiaciones. Consagro la majestad de Zeus en Tracia, y de Apolo en Delfos (en donde instituye la base del tribunal de los anfictiones, que fue la unidad social de Grecia). Dionisos es el sol de los iniciados, Apolo la luz de Grecia, y los Anfictiones los guardianes de su justicia. En la disputa por la posesión del trípode del templo, Dionisos se lo cede a su hermano Apolo y se retira  al Parnaso, esto es, Dionisos y la iniciación órfica quedaron en el privilegio de los iniciados (que conocían los misterios de su  trascendencia, de su muerte y de su resurrección) y por medio de los oráculos Apolo hablaba al pueblo.

Orpheo glorifica la Naturaleza (principio femenino) en nombre de Dios que la penetra, al igual que a quien quiere surgir en la unidad divina.

Su poesía y su música en la base de sus misterios son reveladora de la verdad eterna, y el alma religiosa de Grecia.

 “Replégate hasta el fondo de ti mismo para elevarte al principio de las cosas, a la gran Triada que resplandece en el Éter inmaculado. Consume tu cuerpo con el fuego del pensamiento; sal de la materia como la llama de la madera que devora. Entonces tu espíritu se lanzará en el puro éter de las causas eternas, como águila en trono de Zeus”

En los santuarios de Apolo, en el equinoccio de la primavera, se celebraba la misteriosa fiesta del nacimiento de Orpheo, tres veces coronado, en los infiernos, la tierra y el cielo, musicado al son de las liras, al tiempo que Apolo-Sol retornaba al país de los Hiperbóreos, invocaban el nombre de Orpheo, cuya lira de siete cuerdas abarca el universo, respondiendo a las modalidades del alma (hija del cielo, del que recibe su influencia cuando desciende a la carne), del arte y la ciencia.

La serpiente, representaba en sus misterios un papel importante, que se aclamaba por Evoi, saboi, hyes, attes, atte, hyes.

La impulsión telúrgica y divina que transmitió, fue extendida por sus seguidores en toda Europa.

Fuente: Los Iniciados; Orpheoy la tradición griega, y otros

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            Las profecías Hopi han dado notoriedad a este tribu de los Indios Pueblo de Arizona. 

Igualmente han tenido difusión sus mitos, que conservan sin alteración, siendo uno de los más conocidos su

 

 

 

MITO DE LA CREACIÓN   

  Al comienzo del tiempo, una chispa de conciencia se encendió en el espacio infinito. Esta chispa era el espíritu del sol, llamado Tawa que  creó el primer mundo: una gran caverna poblada únicamente por insectos. Tawa observó durante unos instantes cómo se movían y sacudiendo la cabeza pensó que aquella población hormigueante era más bien estúpida. Entonces les envió a la Abuela Araña que dijo a los insectos:       Tawa, el espíritu del sol que os ha creado, está descontento de vosotros porque no comprendéis en absoluto el sentido de la vida. Así que me ha ordenado que os conduzca al segundo mundo, que está por encima del techo de vuestra caverna. 

Los insectos treparon hacia el segundo mundo. La ascensión era larga, tan larga y penosa que, antes de llegar, muchos se habían  transformado en animales poderosos. Tawa los contempló y dijo:  Estos nuevos vivientes son tan estúpidos como los del primer mundo. Tampoco parecen capaces de comprender el sentido de la vida. 

Entonces pidió a la Abuela Araña que los condujera al tercer mundo. En el transcurso de este nuevo viaje algunos animales se transformaron en hombres. La Abuela Araña enseñó a los hombre la alfarería y el arte del tejido. Los instruyó convenientemente y en la cabeza de hombres y mujeres comenzó a despuntar un destello, una vaga idea del sentido de la vida. Pero los brujos malvados, que sólo se sentían a gusto en las tinieblas extinguieron aquel destello de luz cegando a los humanos. Los niños lloraban los hombres peleaban y se lastimaban: habían olvidado el sentido de la vida. La Abuela Araña volvió a ellos y les dijo: Tawa, el espíritu del sol, está  descontento  de vosotros. Habéis desperdiciado la luz que brotaba en vuestras  cabezas . Por consiguiente, deberéis ascender al cuarto mundo. Pero esta vez, tendréis  que encontrar por vosotros mismos el camino. 

Los hombres, perplejos, se preguntaron cómo podrían subir al cuarto mundo. Durante largo tiempo permanecieron en silencio. Al fin, un anciano tomó la palabra:  Creo haber oído ruido de pasos en el cielo. 

Ciertamente, asintieron. También nosotros hemos oído caminar de alguien allá arriba, y enviaron al «pájaro gato» a explorar el cuarto mundo que parecía habitado. EI pájaro gato se coló por un agujero del cielo y pasó al cuarto mundo, donde descubrió un país semejante al desierto de Arizona. Sobrevoló el país y divisó a lo lejos una cabaña de piedra. Al aproximarse, vio delante de la cabaña a un hombre que parecía dormir, sentado contra la pared. El pájaro gato se posó junto a él y el hombre despertó. Su rostro era extraño, pavoroso; completamente rojo, cubierto de cicatrices, quemaduras y costras de sangre, con unos trazos negros pintados sobre los pómulos y sobre la nariz. Sus ojos estaban tan hundidos en las órbitas que eran casi invisibles, a pesar de lo cual el pájaro gato vio brillar en ellos un resplandor aterrador. Reconoció a aquel personaje: era la Muerte. La Muerte miró detenidamente al pájaro gato y le dijo gesticulando: ¿No tienes miedo de mí? No, respondió el pájaro, vengo de parte de los hombres que habitan el mundo que está debajo de éste. Quieren compartir contigo este país. ¿Es eso posible?  La Muerte reflexionó unos momentos. Si los hombres quieren venir -dijo finalmente con aire sombrío-, que vengan. 

El pájaro gato volvió a bajar al tercer mundo y contó a los hombres lo que había visto. La Muerte acepta compartir con vosotros su país.  ¡Gracias le sean dadas!, respondieron los hombres. ¿Pero cómo podremos subir hasta allá arriba? Pidieron consejo a la Abuela Araña y ésta les dijo: Plantad un bambú en el centro de vuestro poblado y cantad para ayudarle a crecer. Así lo hicieron y el bambú creció. Cada vez que los cantores tomaban aliento entre dos estrofas, se formaba un nudo en el tallo del bambú. Cantaban sin cesar y la abuela araña danzaba y danzaba para ayudar a que el bambú creciera bien derecho. Del alba hasta el crepúsculo cantaron sin tregua hasta que, por fin, la Abuela Araña exclamó:  ¡Mirad! ¡La punta del bambú ha pasado por el agujero del cielo! Entonces los hombres empezaron a trepar por el bambú, alegres como niños. Nada llevaban consigo, estaban desnudos, tan desprovistos como el primer día de su vida.  ¡Sed prudentes! -les gritó la abuela-. ¡Sed prudentes!  Pero ya no le oían, estaban demasiado arriba. Alcanzaron el cuarto mundo y construyeron poblados, plantaron maíz, calabazas y melones, hicieron jardines y huertos. Y esta vez, para no olvidar el sentido de la vida, inventaron las leyendas.

Fuente:  “El árbol de los soles”   de Henri Gougaud,

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“Las religiones del Hombre”

 

              En la Grecia de los tiempos históricos, multifacética, con mezcla de diversas  religiones, la división que debe hacerse para mejor comprensión  es entre

  • religión olímpica,  de cultos al aire libre en torno de las cimas del monte sagrado, y características de cordura, claridad y serenidad, y
  • la ctonia de  cultos de la tierra y de las regiones subterráneas

A menudo señalados por la oscuridad y el místico anhelo de una unión entre el hombre y la divinidad.

      Al tratar las diferentes variedades de creencia y experiencia religiosa del mundo griego, el término “religión” se aplica frecuentemente a cada uno por separado, así hablamos de religión olímpica, religión ctonia, religión dionisiaca, etc.,  PERO el observador imparcial habla también de religión cristiana, religión musulmana,. y de quienes se hablan pertenecen a diferentes mundos religiosos, y es esta conciencia una parte importante de su religión misma,  estando dispuestas a matar y morir en afirmación de ello. Ambas religiones pueden remitirse al judaísmo como uno de los antecesores de su respectivo credo, pero ambas permanecen mutuamente excluyentes, pues es imposible imaginar a un cristiano que se proclama musulmán y viceversa.

  Tratamos con diferencias tan claras como esta al tratar  entre religiónes,   el término “religión” es utilizado para describir así fenómenos acerca de los cuales tales presupuestos serían enteramente injustificables. Lo serían al tratar de las religiones de la Grecia clásica, y lo serían, prácticamente, en la totalidad de los casos.

Las diferencias entre el culto de Zeus olímpico y los misterios de Deméter nos pueden parecer tan grandes como las existentes entre dos religiones cualesquiera, tales como las cristiana y la musulmana.  Empero dichos cultos no sólo no llevaron nunca a guerras persecutorias, sino que además para la misma persona era perfectamente  posible ser devoto participante de ambos.   Core, la hija de Demeter tenía como padre a Zeus, quien podía ser invocado tanto como ctonio que como olímpico, Este ejemplo muestra que no se trataba de dos dioses diferentes para el ateniense del S. V.,  y que es este ejemplo sólo uno de entre muchos ejemplos que pueden aducirse para mostrar que en tal o cual religión no podemos trazar las distinciones tajantes que nos parecen hoy tan evidentes. No es cuestión de la tolerancia que en el mundo moderno se enarbola, la que no borra la línea definida en las actuales religiones, sino una cuestión de falta de conciencia en la mente del devoto.

   En el mundo cristiano se encuentra un paralelo, donde sus diferencias no han sido inconsciente como atestigua la larga historia de persecuciones; existen hoy, adorando juntas en la misma iglesia, en aparente unanimidad, gentes de diverso grado de espiritualidad, capacidad mental y educación, factores según los cuales uno cree que Dios es paterno y bondadoso, otro que un justiciero pero despótico, otro que en un ser cuya naturaleza es simplemente humana elevada a la perfección,con el que  la unión espiritual completa no es meta imposible; y, la inmortalidad se concibe bien como un expediente de la justicia divina, con los tormentos del infierno para los condenados, bien con los tormentos rechazados como indignos de la Divinidad, bien como una extensión realista de la personalidad individual, bien como un estado de unión casi neoplatónico con el Espíritu supremo, en el cual la supervivencia de la personalidad apenas puede reconocerse sino dudosamente.   Pueden encontrarse casi todos los diversos matices de creencias que en el estudio de la religión griega, desde una tan externa como la de Homero hasta las formas más puras de misticismo.

La religión, en última instancia, es del individuo, y no hay dos hombres que tengan religiones exactamente iguales, aunque los   temperamentos similares prefieran agruparse, tendencia que aparecía  igualmente en la Grecia clásica.

De hecho representantes de tipos de religión opuestos invocan al mismo Dios con ánimo enteramente diferente (el cambio es de epíteto), y dioses considerados fuentes de inspiración de credos y aspiraciones incompatibles se hallan a veces pacíficamente unidos en el mismo campo. Mucha confusión han causado las tentativas de descubrir un orden y una razón inexistentes en asuntos cuya explicación es simplemente la tranquila inconsciencia de lo incongruente, tal como podemos observarlas hoy dentro de cualquiera de las denominaciones actuales.

Extraído de “Orfeo y la religión griega” de W.K.C. Guthrie

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Pluma, mano y cabeza

La pluma, la mano y la cabeza

  • No recuerdo en qué lugar,
  • ni a qué fin, ni en qué sazón,
  • se hallaron en un rincón,
  • reunidas al azar, 
  • una pluma muy usada,
  • una mano desprendida 
  • y una cabeza cortada.

 

  • Comprarlas quiso un inglés:
  • al verlas se aproximó 
  • y sorprendido quedó 
  • oyendo hablar a las tres. 

 

  • La pluma 

 

  • Olvidada duermo aquí;
  • pero aunque en el polvo estoy,
  • no me quita lo que soy 
  • la gloria de lo que fui.

  • La mano  

 

  • Mucho te enorgulleciste
  • y yo tu poder no acato,
  • que sólo de mi mandato 
  • dócil instrumento fuiste. 

 

  • La cabeza 

 

  • Callad: vuestro orgullo vano 
  • yo desharé como espuma.
  • ¿Qué fuera sin mí la pluma? 
  • ¿Qué sin mí fuera la mano? 

 

  • El inglés 

 

  • Dice la cabeza bien,
  • y sus razones son graves;
  • que plumas tienen las aves 
  • y el cerdo manos también.
  • Pero cabeza en que ardiente 
  • brille del ingenio el sol,
  • ¿quién la tiene? ¿Mucha gente? 
  • Los ingleses solamente 
  • y acaso algún español.

 

  • Lector, quienquiera que seas: 
  • De cuantas cabezas veas, 
  • pocas hallarás vacías;
  • pero diez tienen ideas, 
  • y noventa, tonterías

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