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Archive for the ‘MITOLOGIA’ Category

ISIS

ISIS

En el lenguaje sagrado, jeroglífico,  de los templos egipcios ISIS cobra los siguientes significados

  1. sentido propio significa la mujer (el género femenino universal),
  2. sentido comparativo personifica el conjunto de la naturaleza terrestre con sus potencialidades conceptivas,
  3. sentido superlativo simboliza la naturaleza celeste e invisible, el elemento propio de las almas y los espíritus, la luz espiritual e inteligible por si misma, que únicamente confiere la iniciación.

En la tradición judeo cristiana  y en el Génesis, le corresponde el símbolo EVE, Heva, la Mujer eterna, la mujer de Adam y la esposa de Dios. Porque el nombre del Eterno IEVE impropiamente llamado Jehováh y Yaveh, se compone del prefijo Jod (el pensamiento divino o Natura Naturans) y del nombre Evé (tres ordenes de la naturaleza, tres mundos en el que el pensamiento se realiza, las ciencias cosmogónicas, psíquicas y físicas les corresponden, la Natura Naturata)

Lo Inefable contiene en su profundo seno lo Eterno masculino y lo Eterno femenino. Su unión indisoluble forma su poder y su misterio.

Esto Moisés lo consigna de modo figurado en la estructura del nombre divino, que explica sólo a sus adeptos. Que la naturaleza velada se oculta en el nombre mismo de Dios.

Eva, revela sus afinidades profundas con la Isis terrestre y divina

Imágenes ti¡omadas del libro En busca de Isis

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ADONIS

ADONIS

Los países del Mediterráneo Oriental, articularon Ritos que representaban la decadencia y el despertar anual de la vida vegetal, como dios que cada año muere y revive. Pensamiento común de la civilización primitiva, imbricado a la dependencia del hombre para su subsistencia; así, no es de extrañar que originase cultos parecidos, en diferentes países.

Estos ritos, de Osiris, Tammuz, Adonis y Athis, de Egipto y Asia Menor, aunque  variando en detalles y lugar  eran substancialmente los mismos

Los griegos en el siglo VII a.C. convirtieron Adonis en nombre propio, aunque su culto ya se practicaba por los pueblos semitas de Babilonia y Siria, donde su nombre era Yahve –Adonai o Tammuz; significando el semita Adon “Señor”, titulo honorífico con el que se dirigían a Tammuz.

En Babilonia, Tammuz, amante de Isthar, diosa Gran Madre personificación de las energías reproductoras de la naturaleza, moría cada año (descendía de la superficie de la tierra  al mundo subterráneo), y todos los años Isthar le buscaba, y en su ausencia la pasión del amor desaparecía, los hombres y las bestias no se reproducían  y la vida amenazada de extinción –tan imbricadas estaban las funciones sexuales a la diosa, que sin ella la vida quedaba en suspenso-, por ello el dios Ea mando un mensajero al mundo subterráneo recabándola, consintiendo la reina del Averno,  Allatu o Erech-Kigal, que  rociada con agua de vida Afrodita retornase con Tammuz al mundo y  reviviera a la naturaleza.

          Anualmente, hombres y mujeres a la mitad del verano, en el mes de Tammuz, lloraban su muerte al sonido de flautas, dedicándole cantos  a su efigie, a la que lavaban, ungían de aceites y vestían con túnica roja, para excitar sus sentidos adormecidos a fin de que despertare del sueño de la muerte.

La trágica historia y los ritos melancólicos de Adonis los conocemos mejor por los griegos, o por referencias del profeta Ezequiel que vio a las mujeres de Jerusalén llorando por Tammuz en la puerta norte del templo.

                

En la mitología griega, Adonis es representado como apuesto mancebo amado de Afrodita (diosa del amor), quien le ocultó infante en un cofre que entregó a Perséfona (diosa reina del mundo inferior), la que enamorada de su belleza se negó posteriormente a devolverlo aun cuando Afrodita  bajo al Hades para rescatarlo de la muerte. Disputa que tuvo que resuelta Zeus decretando: habitase Adonis con Perséfona parte del año y el resto junto a Afrodita. Adonis, fue muerto posteriormente en una cacería por el celoso Ares transformado en jabalí.

En Asia Menor, los ritos de Adonis más celebrados estaban en Biblos (costa Siria), y en Pafos (Chipre). Centros de culto de Astarte, (contrafigura semita de Afrodita); y en ambas Ciniras es el rey, padre de Adonis

Ciniras (del griego sinir, y semita kinnor, ambos “lira”), padre de Adonis, fue un rey arpista, que engendra a su hijo en la unión incestuosa con su hija Mirra, durante el festival de la diosa del cereal. La música en la antigüedad estaba al servicio de lo sagrado, para expresar las emociones religiosas, y modificar las creencias.

La Biblos fenicia que pretendía haber sido creada por el dios El, (Cronos griego o Saturno romano), tenía un santuario fundado por Ciniras, en honor de Astarté, en el Monte Líbano -entre Biblos y Baalbec- en la fuente del río Adonis, donde celebraban los ritos de Adonis.

Chipre, atrajo a los fenicios (navegantes y comerciantes) por sus riquezas, en cedros y abetos, minas de cobre, vino, trigo y aceites, que perduraron hasta aún después de establecerse los griegos en sus costas. Fueron fenicios los que gobernaron Citium, (el Chittim hebreo hasta Alejandro Magno), los que trajeron a su dios Baal de Líbano (un Adonis que recordaba al culto de Osiris).

El gran santuario a Afrodita y Adonis, fundado por fenicios de Ascalon, en Chipre, estaba sobre una colina de Pafos (Kuklia), en  un antiguo enclave de una diosa de la fertilidad, cuya imagen era un cono o pirámide blanca (al igual que Astarté en Biblos, la griega Artemisa en Perga, y el dios sol Heliogábalo en Emesa, Siria). Estas Piedras cónicas se hallan también en Golgo (Chipre), y en hipogeos fenicios en Malta.

Donde la sangre real se transmitía por la mujer, el rey debía abandonar el trono a la muerte de su esposa, pasando el poder regio al marido de su hija; sólo cabía para prolongar sus derechos que el viudo desposase a su propia hija. Así, estos reyes fenicios de Pafos, a la par que sacerdotes de la diosa eran sus amantes y, personificaban a Adonis, cuyo título de “Señor” llevaron los hijos de los reyes fenicios de Chipre, reclamando para sí su naturaleza divina y su humana dignidad. Los hijos de esta unión tenían rango de hijos e hijas de la deidad, y serían a su vez padres de diosas y dioses, al igual sus padres lo fueron antes de ellos Pafos y los santuarios de la gran diosa donde se practicaba la prostitución sagrada estaban llenos de deidades humanas, de ellas alguna sucedería en el trono o sería sacrificada en tiempos de calamidad (la muerte del rey).

Los reyes semitas se consideraron deidades hereditarias, según apreciamos en sus nombres personales. A la usanza de Egipto, al rey se le reverenciaba como dios, a la reina como “esposa o madre del dios”, y el padre del rey y el suegro llevaba el titulo “padre del dios”.

Las Chipriotas, antes de casarse, tenían el sagrado deber de prostituirse a los extranjeros en el santuario de la Gran Madre Diosa (ocurría igual en Asia Menor; en Babilonia, templo de Isthar o Astarté de Milita; en Heliópolis; o en Baalbec, Siria) Las hijas nobles de Armenia, entraban al servicio de la diosa Angitis en su templo de Acilisena.. En Comasa (Ponto), entraban al servicio de la diosa Ma. En la ley amorrea, debían estar siete días a la puerta del templo para prostituirse, costumbre que sobrevivió hasta el S. II. d.C..

La leyenda de Adonis habla de su nacimiento en un árbol de mirra cuya corteza rasga después de diez meses de gestación, en algunas versiones un jabalí rompió la corteza abriéndole paso. La mirra era el incienso usado en el festival de Adonis, al igual que babilónicos  y hebreos idólatras quemaban incienso en honor de la reina de los cielos Astarté.  Adonis pasa medio año en el mundo subterráneo, representando al cereal que queda enterrado y reaparece sobre el suelo el otro medio; el mismo sol desaparece en el círculo ártico, sin que eso supiese su muerte. Adonis moría y resucitaba como grano segado y germinante. Igualmente, su muerte es la destrucción violenta del cereal por el hombre, que lo corta en el campo, lo despedaza en la era y lo transforme en harina en el molino. Las ideas sobre la muerte y resurrección de la naturaleza se tiñen con las de muerte y resurrección del hombre. La naturaleza de Tammuz o Adonis como el espíritu del grano se deduce del ritual sirio de Harran, festividad de las lloronas (el-Bugat), festival en honor del dios Tà-uz (Tammuz)

Adonis, pudo inicialmente haber sido un dios de los pastores, y representar el pasto que tras las lluvias alimenta al ganado hambriento. Posteriormente, pudo representar al espíritu de cada árbol y planta, como el de las  nueces y bayas que los bosques brindan a la pareja cazadora.

Los llamados “jardines de Adonis” prueban su consideración de dios de vegetación y cereal, tales jardines son cestas o macetas llenas de tierra donde sembrar trigo, cebada, lechuga, hinojo y ciertas flores, que cuidaban ocho días las mujeres. Los hindúes los cultivaban,  buscando la fertilidad  de la tierra y del género humano, en Oodeypur  (Rajputana), en el festival de Isani, Diosa de la abundancia, y en el unión del Brahman, en Madrás. Igualmente las hallamos en Egipto, en el culto de Osiris.

Se plantan aún jardines de Adonis en Cerdeña, en el festival de San Juan, llamando al tiesto Erme o Nenneri que los novios (“compare” e “comare” di San Giovanni) rompen, cantado al son de flautas, y danzando en corro hasta el anochecer. Festividad en la que San Juan reemplaza a  Adonis.

Costumbres similares se dan en Sicilia, Gosenza, Calabria y otros lugares.

Decía San Jerónimo, que Belén, recibía la sombra del bosque del Señor Adonis, lugar en el que lloraron Adonis y Jesús; allí Adonis pudo haber sido undios de la vegetación. Bethlehem se traduce por “casa del pan”

Frazer. La rama dorada

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ATIS Y CIBELES

ATIS Y CIBELES

Las leyendas de los dioses eran tan similares, que los antiguos los identificaban en muchas ocasiones

Atis era en Frigia lo que Adonis en Siria, un dios de la vegetación cuya supuesta muerte y resurrección tenía profundas raíces en el credo y ritual de Asia Occidental.

Hermoso pastor flautista, amado de Cibeles, gran diosa de la fertilidad. madre de los dioses, que tenía su morada en Frigia. Para algunos Atis hubiere sido su propio hijo.

En la cosmogonía frigia, se representa al padre de todas las cosas como un almendro, porque sus flores son el heraldo de la primavera, apareciendo en las ramas desnudas de hojas.

Su madre Nana, una virgen, le concibió al poner una almendra o granada en su regazo.

Atis muere por el ataque de un jabalí, aunque en otro relato, más popular, se emasculó bajo un pino y muere desangrado, ambos relatos se habrían construido para explicar costumbres practicadas tales como la auto-castración de los sacerdotes (los Galli) para entrar al servicio de Cibeles, o el que los habitantes de Pessino que se abstenían de comer carne de jabalí o cerdo.

Atis se transformó en un pino

Roma adopto, en el 204 a C., el culto de Cibeles, porque el oráculo predijo que expulsaría al invasor cartaginés Aníbal cuando establecieran en Roma el culto a Cibeles. Por lo que requirieron de Pessinos les confiasen la piedra negra que daba corporeidad a la divinidad, que ubicaron en el templo de la Victoria, en la colina Palatina. Cibeles  trajo consigo el culto de su joven amante Atis.

El emperador Claudio incorporó a religión oficial del estado el culto frigio del árbol sagrado.

La festividad romana de Cibeles y Atis, se iniciaba el 22 de Marzo, cortando un pino del bosque y una congregación de porteadores del árbol lo llevaba al templo, donde lo trataban como la deidad, amortajándolo con bandas de lana y adornado de guirnaldas de violetas (que creían brotaron de la sangre de Atis, al igual que rosas y anémonas de la de Adonis), después ataban a la mitad del árbol la figura de un joven (Atis); el día 23 hacían sonar sus trompetas; el día 24 era el llamado “día de la sangre” en que reafirmaban el ánimo de la resurrección de Atis, por el gran sacerdote Archigallo (el gallo con cola de espigas, lo representa) se ofrendaba la sangre de sus propios brazos, mientras los demás clérigos se practicaban -entre el salvaje estruendo de tambores, trompetas, cuernos, y flautas- cortes en sus cuerpos, con loza o cuchillos, hasta salpicar el altar y el árbol sagrado. De igual forma, los novicios sacrificaban su virilidad, lanzando sus partes contra la imagen de la diosa cruel., ofrenda considerada eficaz  en el reclamo a Atis para su resurrección a la vida; tales restos viriles, se enterrarían posteriormente en la cámara subterránea consagrada a Cibeles: el día 25  -equinoccio de primavera- , celebraban la resurrección divina con desenfrenado júbilo, a modo de carnaval, donde todos podían decir y hacer cuanto quisieren; el día 26 descansaban; cerraba el festival una procesión al arroyo Almo el día 27, precediendo a la imagen argéntea de Cibeles (sobre piedra negra transportada en carreta tirada por bueyes), los nobles descalzos que saliendo por la puerta Capenas enfilaban el camino hasta la orilla de este río, afluente del Tiber, donde el gran sacerdote vestido de púrpura , lavaba la imagen y los objetos sagrados en el agua del río, tras lo que esparcían flores en la carreta y los bueyes entre el regocijo de sus devocionarios.

Los ritos secretos reservado al clero, son poco conocidos, se cree que tras el ayuno por la muerte divina, se dispensaba una comida sacramental y un bautismo de sangre, comiendo en un tambor y bebiendo en un címbalo, y tenían por objeto hacer coparticipe de los misterios al novicio, comunicarlo con su dios.

El bautismo de sangre, se producía al tiempo que la regeneración de su dios, –en el equinoccio vernal- justo en lo que hoy es la basílica de San Pedro del Vaticano, el novicio con corona de oro, exornado de cintas, se introducía en una oquedad que tapaban con enjaretado de madera, sobre el que sacrificaban -con una lanza sagrada- a un toro previamente adornado de flores, en cuya frente lucía láminas de oro, y cuya sangre caía sobre el novicio, que así recubierto salía para recibir el homenaje y adoración del sacerdocio, como quien lavado de sus pecados resucita a la eternidad, desde este momento -por un periodo de tiempo- se le mantenía con leche como a recién nacido. Los testículos del toro se consideraron poderoso hechizo para promover la fertilidad y activar el nuevo nacimiento.

El archigallo que portaba el nombre Atis, ya que lo representaba, primitivamente sería sacrificado, probablemente por ahorcamiento en las ramas del árbol sagrado, aunque posteriormente se produciría cortes en los brazos y sería sustituido en el árbol por imagen de madera.

Reminiscencia de su muerte, puede hallarse en la leyenda de pastor Marsias, sátiro frigio amigo de Cibeles, que tocaba la flauta, quien envanecido desafió al mismo Apolo en un certamen musical, y que habiendo sido vencido fue desollado y su piel se mostraría en Celanae, a pie de la ciudadela donde el río Marsias discurre en un meandro. La tradición afirma que su piel se conmovía al acorde de sus nativas melodías e permanecía impasible si los acordes honraban a Apolo.

En la festividad de la diosa siria Artarté de Hierápolis (cuyo santuario pudo ser el más popular de Oriente) -a principios de la primavera-, entre la excitación de los timbales muchos peregrinos de entre la multitud que acudían en el frenesí de su fanatismos se castraban, y sus partes la arrojaban en loca carrera a una casa de la ciudad, cuyo residente le debía proporcionar nueva vestidura, y ornamentos femeninos que llevaría siempre. Cuando despertaba de su trance entraba en profunda tristeza y pesadumbre, por la acción ejecutada., tristeza que desaparecía por la noche cuando la tumba de Dios se abría para los iniciados, el dios se levantaba de entre los muertos y el archigallo le comunicaba al oído la nueva de salvación, en una promesa de que saldría triunfante de la tumba.

El pino revela el primitivo carácter de Atis como espíritu arbóreo. Pino adornado de violetas y tiras de lana, que recuerda la moderna costumbre del árbol Mayo o árbol del verano.

El árbol de Atis, tras ser guardada todo el año, ardía tras ser reemplazado por el nuevo espíritu de la vegetación. También regía los frutos de la tierra, identificándosele con el grano, que invocaban en la segada espiga verde o dorada. Su historia se interpreta como el cereal sagrado herido por el segador, sepultado en el granero y vuelto a la vida al ser sembrado en la tierra. En una de sus representaciones, se le aprecia con espigas y frutas en la mano, coronado de una guirnalda de piñas piñoneras, granadas y frutas, con espigas brotando de su gorro frigio.

Frazer. La rama dorada

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RITOS AGRÍCOLAS 

I. DE LA TIERRA DE EGIPTO. OSIRIS

En la antigüedad uno de los indicios para averiguar la naturaleza de una deidad, lo aportaba la estación del año en que se celebra su festividad, y aunque este indicio -por si solo- no es concluyente, si está apoyado en indicadores complementarios puede tener validez suficiente.

De celebrarse en luna nueva o llena, es la Luna la deidad venerada, o afín a ella

De celebrarse en el solsticio vernal o hiemal, se veneraba al Sol, o deidad afín.

Si era coincidente con siembra o siega, personifica la tierra o el grano.

Lo antedicho no es aplicable para los dioses egipcios, porque sus festividades variaban de año en año (toda vez que su calendario no correspondía exactamente al año solar ni se corregía periódicamente con intercalaciones, hasta que cerraban el ciclo -al transitar por todas las estaciones-, tras años, en que retornaban a las mismas fechas iniciales.

Siendo el egipcio, desde la antigüedad, un pueblo agrícola cuya subsistencia dependía del cultivo de las gramíneas (trigo, cebada, sorgo o dura,..) y careciendo de lluvias regulares, debía su fertilidad a la inundación del Nilo, a través de un sistema de  canales para distribución en los campos, renovando el suelo los sedimentos que el Nilo aportaba desde los grandes lagos y montañas de Abisinia.

La vida dependía del Nilo. Así como la inundación se presentaba, desde comienzos de junio a finales de septiembre -que es su momento más álgido-, sería considerado buen o mal año, y  habría escasez o abundancia.

En los altos de terreno del Nilo desbordado, como mar pantanoso, se erigieron ciudades.

Un mes al año el Nilo permanecía estacionario, bajando después rápidamente hasta enero, para retornar a su cauce ordinario, disminuyendo aún más en las proximidades del verano -hasta más o menos la mitad de su anchura-, momento en que presenta el terreno una tal sequedad y la atmósfera tanta carga de polvo que parece una continuidad del desierto, desde mediados de abril hasta primeros de junio la tierra sedienta se mostraba como yerma ansiando las aguas y, al igual, sus gentes imploran la vida, el nuevo crecimiento, periodo tras el que retornaba en Nilo con su nueva crecida.

Ciclo natural que determinó, año a año, las labores de los agricultores egipcios, cuyo primer trabajo consistía en el ruptura de los diques para que las aguas retenidas del Nilo regasen los campos -a principios de agosto-, tras la inundación venía la siembra de los campos -hacia noviembre,  y por último la cosecha, esta no se producía por igual en todo Egipto, en su parte más meridional (Alto Egipto) se cosechaba –según el cereal de que se tratase- en marzo y abril; y un mes más tarde -como promedio- en el Bajo Egipto.

Como en todos los pueblos, hemos de imaginar también para Egipto que, coincidiendo con estos acontecimientos del año agrícola, se celebrarían ritos religiosos para asegurar la bendición de los dioses, ceremonias que acabarían deviniendo estables, cada año, en las mismas épocas. Estas festividades constituían los ritos “populares”.

Contrariamente, los “oficiales” ritos sacerdotales, variarían por no ajustarse a un calendario coincidente; dicho esto algunos de ellos habrían derivado –modificados- de los antiguos ritos rurales.

Una fiesta que celebraba la crecida del Nilo, se explicaba en los lloros de Isis ante la pérdida de Osiris, que como aspecto del dios del grano sería lógico fuese llorado en la época en que la recolección está hecha, en que parece que la vida está en suspenso y el dios de los cereales muerto, era así el verano el momento de abrir las compuertas de los diques. En la antigüedad egipcia, aproximadamente cuatro mil años a. C, al oriente,  brillaba la estrella Sotis (Sirio), al amanecer -antes de la salida del sol- en las proximidades del solsticio de verano, tiempo en que el Nilo empieza sus crecidas, por ello fue asociada con Isis (al igual Venus se asocia a Astarté, por los babilonios), Isis es la diosa de la vida y del amor, que despierta a su esposo de la muerte. Sotis marcaba el inicio del año sagrado egipcio con una fiesta no coincidente al variable año oficial.

La apertura de los diques en la zona de El Cairo, venía a producirse en la primera quincena de agosto con ceremonias ancestrales, tiempo en el que el canal El Khalij pasaba a través de la primitiva ciudad, a cuya entrada se encontraba un dique -que disminuía en grosor a medida que se elevaba- y frente al mismo se construía -antes del inicio de las crecidas- un cono truncado al que llamaban la novia (Aruseh), en cuyo extremo superior habían sembrado grano. Así, podemos imaginarnos como esta novia cónica se diluía en el agua unos quince días antes de la apertura del dique; a este rito unido, practicaban un encantamiento para asegurar la cosecha, mediante el sacrificio de una doncella de vistoso traje, que arrojaban al Nilo (masculino), pretendiendo los  esponsales del Nilo con la tierra, para que esta fuera fertilizada.

La siembra se producía en Egipto, en el mes de noviembre (Athyr), cuando las aguas se han retirado de los campos,  y se entregaba la semilla a la tierra, como en un funeral solemne, según nos cuenta Plutarco. De igual manera, en Atenas – Grecia, en la misma época del año, en el festival de las Thesmodorias “la dolorosa”, que corresponde al mes de Pyanepsión, las mujeres sentadas en el suelo ayunaban y los hombres abrían surcos –a veces arañando la tierra con las manos y amontonada sobre la simiente-, con incertidumbre y pesadumbre, como Demeter tuviera por el descendimiento de la doncella; este tiempo coincide con la desaparición de las Pléyades.

La siega en Egipto, correspondía a la primavera, de abril a mayo; la siega y la recolección era tiempo de alegría si había buena cosecha, alegría que se enmascaraba en un aire de profunda melancolía porque creían estar cortando el cuerpo del dios cereal hasta despedazarlo –despedazaban a Osiris-, por ello se daban golpes de pecho y condolencias con la primera azada, al tiempo que invocaban a Isis con quejumbroso canto o maneros significando “ven a tu casa”.  De igual manera lo vivían en otras partes de Asia Menor.

Los árabes de Moab, consideraban al espíritu del grano como el viejo que muere en la siega; abriendo una fosa colocaban a la cabecera y pies una piedra, y depositando en el surco una gavilla exclamaban: “El viejo ha muerto” y al cubrirla rezaban “Quiera Alá devolvernos el trigo del muerto”.

Hasta el año 30 d. C., no adoptó Egipto el calendario alejandrino con el que las fiestas oficiales de que nos habla Plutarco devinieron estables. Hasta entonces  estos ritos iban girando a través del año solar.

El gran calendario de Esne estaba basado en el año alejandrino, datando el año nuevo o primer día del calendario el 29 de agosto. Concordaban con la crecida del Nilo, la posición del sol y los trabajos agrícola.

Herodoto dice que la tumba de Osiris estaba en Sais, en el bajo Egipto, en donde había un lago en el que se representaban durante 4 días del mes de Athyr (del 13 al 16 de noviembre) los sufrimientos del dios como un misterio nocturno, y en el que las gentes colgaban lámparas de aceite encendidas en sus puertas (día de difuntos, o noche de ánimas, cuando sus almas visitan sus antiguas casas), y dejaban alimentos a la vista, mientras  una vaca de madera dorada (Isis), cubierta con paño negro, portando entre su cornamenta un sol de oro, se mostraba al exterior, permaneciendo así el resto del año (búsqueda del cuerpo de Osiris); el 19 de noviembre los devotos bajaban al mar a donde descendían los sacerdotes afligidos, golpeándose el pecho, llevando un féretro dorado sobre el que derramaban agua dulce, mientras los fieles afirmaban que Osiris había sido encontrado, y luego tomando humedecido manto mezclado con granos de especias e incienso modelaban una figura en forma lunar, a la que revestían y engalanaban, y presentaban a un niño (Osiris resucitado en Horus) por actor que imagen de Anubis.

En tiempos de Plutarco, se llevaba procesionalmente la representación de Isis (vaca con disco solar en su cornamenta), circunvalando externamente el templo con siete vueltas. 

Los ritos de Osiris, tal como se aprecian en dieciséis provincias de Egipto, se describen en una inscripción del periodo ptolomeico, en los muros de Denderah (Tentyra griega) del Alto Egipto, del que cabe deducir que las ceremonias variaban en distintas ciudades, en Abydos, Busuris—-

Los ritos duraban dieciocho días, del doce al treinta del mes de Khoiak, y explicaban la naturaleza del dios, en su triple aspecto, como muerto (Khenti-Amenti), descuartizado (Osiris-Sep)y reconstruido en sus partes (Sokari o Seker). Modelando con tierra vegetal grano e incienso pequeñas imágenes del dios, le pintaban el rostro de amarillo y los pómulos verdes, e le introducían momificado con la corona blanca de Egipto, en un molde de oro puro. Se iniciaba la festividad, arañando y sembrando en solemne ceremonia, se enganchaban a un arado de tamarisco con reja negra dos vacas negras, mientras un joven voleaba la semilla; un lado del campo lo sembraban de cebada, y el otro de trigo escanda, y entre ambos lino, mientras el celebrante recitaba ritualmente la siembra de los campos.

En Busilis, el día veinte de Khoiak depositaban avena y cebada en una maceta denominada el jardín de Osiris, en presencia de Shenty la diosa-vaca de sicomoro dorado, con una imagen descabezada en su interior, derramando desde dorada vasija agua de la última inundación del Nilo sobre Shenty y el jardín, dejando crecer la cebada como emblema de la resurrección del dios, representaban con ello el crecimiento de la substancia divina. El día veintidós, a las ocho de la mañana, las imágenes de Osiris y de 34 deidades, hacían un viaje en treinta y cuatro pequeñas barcazas de papiro iluminadas de 365 luces. El día veinticuatro, tras la puesta del sol, depositaban en la sepultura la efigie de Osiris en un féretro de madera de moral y a las nueve de la noche era sacada la esfinge del año anterior colocada sobre ramas de sicomoro. Finalizaba el día treinta, dirigiéndose a su sepulcro, que era una cámara abovedada subterránea sobre la que crecía un grupo de árboles de Persia (de la familia del laurel), penetrando por la puerta occidental y depositaban el féretro con su esfinge, sobre un lecho de arena, saliendo del sepulcro por la puerta oriental.

Una serie de bajorrelieves ilustran la inscripción de Denderah, donde muestran a Osiris , muerto y embalsamado como momia en su ataúd, que va izándose cada vez más alto hasta erguirse totalmente fuera cobijado entre las alas de Isis, mientras que por una figura se le exhibe el anhk (cruz ansata, símbolo de vida).

Otra escena revelaba a los Iniciados al que da su cuerpo para alimento de los hombres, Él muere para que ellos vivan. La inscripción rezaba “ésta es la forma de Aquel que no puede ser nombrado, Osiris el de los misterios, que brota de las aguas que retornan”, así se mostraba en el templo de Isis, en la isla de File, al cadáver de Osiris del que brotan cereal, mientras un sacerdote riega los tallos con un jarro. En la muerte y resurrección del dios albergaban los egipcios su esperanza de vida eterna, tal como puede apreciarse en los  tumbas del Valle de los Reyes, en Tebas, donde acostumbraban a enterrar imágenes de Osiris con granos de trigo que germinaban, y al igual en todo el alto y bajo Egipto, lo que creían les aseguraría la inmortalidad espiritual.

Pero Osiris no tan sólo fue representado como un dios de los cereales, sino también como dios del árbol, la vegetación y la muerte

Precisamente, pudo haber tenido su carácter primitivo como Espíritu del árbol, representado gráficamente en la ceremonia que describe Maternus:. ”habiendo plantado un pino, extrajeron la madera del centro con la que hicieron su imagen, a la que sepultaron como cadáver en la oquedad practicada, deviniendo ésta su morada durante un año, al cabo del cual se extraía y quemaba. Esta escena puede referirse al descubrimiento de su féretro en el árbol erica. Escena apreciable -con variaciones- en Denderah, donde su figura es la cabeza del halcón y el árbol una conífera.

La perenne hiedra verde le estaba consagrada

Sus devocionarios tenían prohibido hacer daño a los frutales o cegar los pozos.

Hacia el 1550 a. C. era representado sentado en un templete del que colgaban racimos de uva, o junto a un estanque, con vides cargadas de racimos, en sus orillas

 Su imagen de muerte en la cámara mortuoria de File, denota la idea de que tan sólo tiene suspendidas sus virtudes genésicas, prestas a mostrarse como fuente de vida y fertilidad.

Los egipcios no tan solo creían en la vida de ultratumba, sino que la dedicaban especial atención, energía y medios, su vida era una preparación para el viaje. Así al fallecer quedaban a su cuidado con la esperanza que pudiera levantarlos de la muerte en la tierra para gozar de vida eterna, en similitud al simbolismo agrícola. Estaban ambas concepciones imbricadas, tal como muestra el hecho de que las figuras de Osiris estuviesen rellenas de grano, lo que simbolizaba la creencia en su resurrección.

Esta promesa del dios le daba su carácter supremo, con lo que su culto y los de su consorte Isis, gozaban de la mayor veneración.

A partir de Frazer La rama dorada

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SAN HIPÓLITO, VIRBIO Y EL BOSQUE DE NEMI

En Italia, al este del lago Albano se encuentra un cráter que contiene el bosque de Nemi o de Aricia, llamado también “espejo de Diana”, en donde encontramos el Santuario de Diana Nemorensis “.

La leyenda cuenta, que el culto a Diana de Nemi fue instituido por Orestes, quien tras dar muerte a Thoas, rey del Queroneso táurico (Crimea), huyó con su hermana a Italia con la imagen de Diana táurica escondida en un haz de leña. Para Canon el antiguo, el santuario la fue dedicada por Egerius Baebius de Tusculum con anterioridad al 495 a.C.

El bosque albergaba un árbol sagrado(supuestamente descendiente del que aconsejado por la Sibila, Eneas arrancó una rama antes de intentar entrar en la Casa de los Muertos), del que nadie podia arrancar una rama salvo un esclavo fugitivo, que de conseguirlo tendría derecho a luchar con el Sacerdote-Rey, y en caso de darle muerte ocupar su lugar con el título de Rex Nemorensis (Rey del Bosque). No sería extraño observar la presencia en torno a este árbol sagrado del sacerdote vigilante, espada desenvainada, en evitación del derecho a la lucha por su vida y dignidad.

Esta costumbre muy antigua aún se mantenía en tiempos de los Antoninos, y rememoraba la huída de Orestes, solo aplacable con sangre, y los sacrificios humanos ofrecidos a la Diana táurica.

Es la cruel ley de sucesión del sacerdocio ariciano.

Diana de Nemi, no era otra que la Diana cazadora, que bendecía las uniones concediéndoles descendencia y feliz alumbramiento, en cuyo ritual que se celebraba el 13 de agosto el fuego cobraba especial importancia, iluminándose el bosquecillo con antorchas, a ella misma se la aprecia con una antorcha alzada en su mano derecha, en alguna estatuilla encontrada. Festividad a la que acudían las mujeres, a las que había concedido sus favores, ataviadas con guirnaldas y antorchas encendidas,

En la plataforma circular sobre tres peldaños de su Santuario se cree pudo haber habido un templo con una llama perpetua al cuidado de las vestales, pues Diana misma era como tal considerada.

Compartiendo con Diana el santuario, se encuentraban dos divinidades menores.

Egeria, esposa o amante de Numa, rey que dio sus leyes a los romanos (inspirado por  ella), era la ninfa de las aguas claras de Nemi, aguas medicinales a las que acudían muchos enfermos

Virbio, protegido de Diana y monarca sacerdote del Bosque de Nemi, había sido con anterioridad el joven héroe griego Hipólito que aprendió del centauro Quirón el arte de la caza, compañero de caza de Artemisa (Diana griega) quien orgulloso de ello desdeñaba a las demás mujeres. Al sentirse ofendida Afrodita insufló en el corazón de su madastra Fedra su amor hacía Virbio, quien despechada lo acusó ante Perseo, el que requirió la venganza a Poseídón, quien envió a la playa un toro bravío que le desmonto de su carruaje, siendo pisado por sus caballos alterados, que le causaron la muerte. Diana requirió de Esculapio que lo reviviese, pero Júpiter ofendido de que un mortal reparase las puertas de la muerte, arrojó al afamado médico al Hades, mientras Diana envolvía a Hipólito en una espesa nube y modificaba su aspecto envejeciéndolo, para seguidamente llevarlo a Nemi y confiarlo a las aguas sanadoras de Egeria cambiándole el nombre por el de Virbio, el cual la construiría el santuario en Aricia, en el que él mismo y Egeria recibieron culto, prohibiéndose tocar su imagen de las que se decía representaba  al Sol. En cuanto a los caballos quedaron proscritos, al haber sido causantes de su muerte

Hipólito devino 1er rey de una dinastía de sacerdotes servidores de Diana, guardianes del sagrado árbol (personificación de Diana, al que abrazaron sucesivos Virbios; costumbre practicada en Oriente e India, de desposar árboles por hombres o mujeres) predestinados al sacrificio.

Hipólito, amado de Artemisa (antigua diosa de la fertilidad), es uno de los amantes mortales de las diosas antiguas, de quienes Adonis es el prototipo. La rivalidad Artemisa –Fedra(contrafigura de Afrodita), reproduce la de Afrodita-Proserpina por el amor de Adonis.

Hipólito consorte de Artemisa en Troezena, paga con su vida el idilio con la diosa.

 Curiosamente el 13 de agosto la Iglesia celebra la festividad de San Hipólito (“fundado sobre piedra”) supuesto santo romano que enterró el cuerpo de San Lorenzo (cuya festividad es el 10 de agosto), y que murió mártir arrastrado por los caballos

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APOLO

APOLO

En relación a Apolo, podemos leer en los siguientes diccionarios:

Diccionario de símbolos. CIRLOT, Juan Eduardo.omphalos
En mitología, la misma significación que el sol, desde el punto de vista espiritual y simbólico. Cabellos dorados esparcidos en torno a la cabeza tienen igual significado que arco y flecha (rayo solar). El nombre griego de Apolo es Apolion, que significa “del fondo del león” y expresa la profunda relación del sol con el signo zodiacal de Leo

Diccionario de los símbolos. CHEVALIER, Jean. GHEERBRANT, Alain
Apareciendo de noche en la Iliada, el dios del arco de plata (canto I) Febo Apolo brilla como la luna. Convendrá tener en cuenta la evolución de las mentalidades y la interpretación de los mitos para reconocer en él, mucho más tarde, a un dios solar, un dios de la luz, y para comparar su arco y sus flechas al sol y a sus rayos. Originariamente se emparenta más bien con la simbólica lunar. Se presenta en este canto como un deus vengador de flechas letales: El Señor Arquero, el toxóforo, el argyrotoxos, del arco de plata.
Se revela en primer lugar por el signo de la violencia y de un loco orgullo. Pero reuniendo elementos diversos de origen
Nórdico, asiático y egeo, este personaje divino se vuelve más y más complejo, sintetizando en él varias oposiciones que consigue dominar, para terminar en un ideal de sabiduría que define el milagro griego. El realiza el equilibrio y la armonía de los deseos, no por suprimir las pulsiones humanas, sino por orientarlas hacia una espiritualización progresiva, gracias al desarrollo de la conciencia. Se le honra en la literatura con más de doscientos atributos, que la hacen parecer alternativamente como un dios -rata primitivo de los cultos agrarios; un guerrero irascible y vengativo; un amo de las fieras, al mismo tiempo que pastor socorrido, que protege los rebaños y las cosechas; un bienhechor de los hombres, que los sana y purifica, que engendra a Asclepios (Esculapio), el dios médico; profeta de Zeus, crea la mántica de inspiración en Delfos – trípode-. Inspira no solamente a profetas, sino a los poetas y artístas; llega a ser un dios solar, que atraviesa los cielos sobre un carro deslumbrante. En Roma no se asimila a ningún otro dios; es el único entre los dioses extranjeros adoptados por la ciudad y por el imperio, que permanece él mismo, intacto, único, sin par.
En la historia del sentimiento religioso. Se ha aproximado, el nombre ático de Apolo con su forma doria Apelo, que evoca la palabra apella “redil de ovejas”. Se concibe que tal dios haya podido ser honrado por estos nómadas, empujando delante de si sus rebaños, que eran los primeros griegos, y también que haya podido fácilmente absorber, en el Peloponeso, a divinidades prehelénicas de los rebaños, como por ejemplo a darnos, un dios canero… Repetidas veces, por otra parte, el mito representa a un Apolo pastor. Pero es de notar sobre todo que este dios pastor, que hacía reinar el orden en los rediles de carneros, se haya convertido en el dios que reina sobre las asambleas de los hombres por su elocuencia y sabiduría. “Apolo, canta Píndaro, hace penetrar en los corazones el amor de la concordia y el horror a la guerra civil”
Cuando Platón enuncia los deberes del verdadero legislador, es a Apolo (dios de Delfos) precisamente a quien aconseja pedir las leyes fundamentales de la República (…aquellas que contemplan la fundación de los templos, los sacrificios, y en general el culto a los dioses, los demonios y los héroes, y tambén las tumbas de los muertos y los honores que conviene rendirles para que nos sean propicios,….. y no nos remitiremos si somos sabios a ningún otro, pues este dios, interprete tradicional de la religión, se ha establecido en el centro y en el ombligo de la tierra para guiar al género humano (Platón, La república 427 h.c).
El Apolo céltico es una denominación clásica, impuesta por la interpretación romana, y que no corresponde a ningún criterio indígena preciso. Las interpretaciones obligan , en efecto, a fragmentar el personaje divino entre varias entidades célticas: Apolo en su aspecto sanador es Dianceht (incierto, de la larga presa); en su aspecto de juventud es el hijo de Dagda, Oengu elección única o Mac Oc hijo joven. En su aspecto luminoso (aunque a veces sombrío) es Lug, el dios supremo del panteón céltico que es po definición politécnico, es decir maestro en todas las técnicas en el sentido que trasciende a las capacidades de todos los demás dioses. La leyenda clásica de Apolo hiperbólico, precisamente por estar en relación con el Apolo céltico, es una alusión neta al origen polar de la tradición céltica.
El siete es el número de la perfección, el que une simbólicamente el cielo y la tierra, el principio femenino y el principio masculino, las tinieblas y la luz. Es el número de Apolo, que desempeña un papel manifiesto en todas sus tradiciones. Apolo nace el séptimo día del mes y vive bajo este signo. Esquilo lo ha bautizado: “el augusto Dios Séptimo, el Dios de la séptima – puerta”. Ss fiestas principales se celebra siempre el siete de un mes; su lira esta tensada con siete cuerdas; en su nacimiento, los cisnes sagrados dan siete veces, cantando, la vuelta a Asteria, la isla flotante que Zeus, su padre, fija con el nombre de Delos y donde Leto lo trae al mundo; su doctrina se resume en siete máximas, atribuidas a los siete Sabios.
Dios muy complejo, horrorosamente trivializado cuando se le reduce a un hombre joven, sabio y bello; o cuando se lo opone, simplificando a Nietzsche, a Dionisio, como la razón al entusiasmo, de la alianza de la pasión y la razón, el hijo de un dios, por Zeus y el nieto de un Titán, por Leto, su madre. Su sabiduría es el futo de una conquista, no una herencia. Todas las potencias de la vida se conjugan en él para incitarlo a no encontrar su equilibrio más que sobre las cumbres, para conducirlo “desde la entrada de la caverna inmensa” (Esquilo) “a las cimas de los cielos” (Plutarco). Simboliza la suprema espiritualización; es una de los más bellos signos de la ascensión humana.
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